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Tierra santa por el rito judío

19 dic, 11

Tumbas con tablas para que el cuerpo no roce la tierra, preparadas para la inhumación

Los cuerpos exhumados en 2007 de la necrópolis hebrea vuelven a su lugar en una ceremonia dirigida por rabinos

Han sido necesarios cuatro años para que quienes un buen día «despertaron» del sueño eterno en interés de la arqueología y del mejor conocimiento de la historia de Lucena volviesen a sus tumbas.

En una fría y soleada mañana invernal, los más de un centenar de personas que en 2007 fueron exhumados de sus enterramientos durante la excavación realizada en las obras de la Ronda Sur, volvieron ayer a descansar en sus tumbas, directamente excavadas en la tierra.

Los trabajos arqueológicos despertaron en su día el recelo de la Federación de Comunidades Judías de España, y su entonces presidente, Jacobo Israel Garzón, incluso llegó a dirigir al ministro de Justicia sus quejas por la forma en la que se estaban llevando a cabo las exhumaciones de cadáveres de judíos en varias necrópolis histórica. Su idea era que se ajustaran a un protocolo de actuaciones para este tipo de investigaciones sin menoscabo de la dignidad de los allí enterrados desde los siglos XI y XII.

El Ayuntamiento de Lucena prometió entonces que los restos serían devueltos a su lugar de origen en la medida de lo posible, ya que muchas de las tumbas desaparecieron bajo el asfalto de la carretera. Ayer el Consistorio cumplió su palabra.

La Hebrá Cadisá se trasladó a Lucena para proceder a volver a inhumar los restos mortales siguiendo el rito funerario hebráico. Cofradía Santa es la traducción literal del nombre que recibe la asociación voluntaria que se ocupa de la preparación de los ritos funerarios y del enterramiento, integrada por una veintena de personas llegadas desde distintos puntos de España, entre ellas varios rabinos, como los de Ceuta o Málaga.

Sin contacto con la tierra

Previamente, personal municipal había preparado las decenas de tumbas que han quedado de la necropolis original, colocando un fondo de maderas sobre el que se depositaron los restos, siguiendo la tradición judía de que el cuerpo muerto no esté en contacto directo con la tierra.

A la entrada de la necrópolis esperaban su turno las cajas de carton, perfectamente apiladas y cuidosamente custodiadas durante este tiempo en los depósitos del Museo Arqueológico lucentino.

Por expreso deseo de las autoridades religiosas, el rito se desarrolló en la más absoluta intimidad. Así, a primera hora de la mañana funcionarios municipales procedían a colocar una tela plástica en la valla perímetral, e incluso se destacaron dos agentes de la Policía Local para vigilar el exterior del recinto.

El compromiso con la comunidad judía se enmarca en la voluntad de formar parte de la Red de Juderías de España Caminos de Sefarad y de convertirse en un punto de referencia para el turismo hebreo, ávido de volver a unos orígenes que tienen en la Perla de Sefarad un destino obligado. Queda ahora por saber qué ocurrirá con lo que hoy es ya un camposanto judío y con el proyecto de convertir esta necrópolis en uno de los principales testigos físicos de una presencia judía que el paso del tiempo ha ido borrando y relegando a los libros de historia, ante la falta de evidencias en el actual trazado urbano.

Fuente: http://www.abc.es

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