Curiosidades

Un venezolano entre los muertos Que deja el boxeo profesional
Miércoles, mayo 9th, 2012

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La muerte del peruano Willman Rodríguez hace relacionar directamente a este apasionante deporte con el peligro inminente. ¿ Es un deporte el boxeo..? ¿Porqué es aceptado como práctica olímpica..? La fuerza y violencia con la que se practica puede dañarlo para toda la vida. Lo más triste y recordado de las muertes en el boxeo.

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Benny Paret (Cuba), 1962
Su duelo en el peso welter era con Emile Griffith de Estados Unidos. “El niño Paret” fue campeón mundial por primera vez en 1960. Griffith se lo arrebató siete meses después. Pero Paret continuó insistente. Lo recobró pero en la tercera pelea entre ellos, recibió tantos golpes que falleció a causa de ellos.

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Davey Moore (Estados Unidos), 1963

Su pegada era durísima. Era un luchador recio que debutó entre las cuerdas cuando tenía tan solo 20 años. En 1960 le destrozó toda la dentadura a Roberto Gassey. Pero tres años después no pudo contra los puños del cubano Ultiminio Ramos. Perdió por knock out técnico y quedó postrado en el ring para siempre.

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John Richard Owens (Gales), 1980

Una de las más grandes estrellas del boxeo galés. Llamado “el gallo biónico”. En septiembre de 1980 peleó con Lupe Pintor, campeón de peso gallo, y perdió en el décimo round. Entró en coma y falleció siete semanas después. En 2002 levantaron una estatua en su honor en Merthyr Tydfil, Gales.

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Duk Koo Kim (Corea del Sur), 1982
Ray Mancini lo cogió tan duro que no pudo aguantar. En el 13° asalto Mancini le conectó 39 golpes seguidos. En el siguiente round cayó al suelo y el árbitro detuvo la pelea. Unos minutos después, Kim entró en coma. Trataron de salvarlo, le hicieron una cirugía en el cerebro pero todo fue en vano. Murió cuatro días después.

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Francisco Bejines (México), 1983
Francisco Kilo Bejines se encontraba en un gran nivel y su ascenso en el peso gallo estaba descontado. Sin embargo, la pelea contra el estadounidense Alberto Dávila fue la última. En el 12° round constantes golpes en su cabeza cortaron la vida del mexicano.

Carlos Barreto (Venezuela), 1999

Carlos Barreto, campeón mundial interino de la AMB, murió a manos de su compatriota José Luis Valbuena. Barreto, que hasta ese momento solo había perdido una sola pelea, no tuvo reacción ante Valbuena. Ese combate le dejó lesiones irreparables en el cerebro y falleció.

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Pedro Alcázar (Panamá), 2002.

Todo parecía normal. El panameño Pedro “El Rockero” Alcázar había perdido el título mundial súper mosca ante Fernando Montiel en junio de 2002. Los médicos lo examinaron después de la pelea y supuestamente estaba sano. Al día siguiente, se desmayó en su hotel. Murió horas después en el hospital.

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Luis Villalta (Perú), 2004
“El Puma” Villalta se entrenaba con dedicación en Estados Unidos y a la vez trabajaba en un restaurante de comida rápida. En el 2004, enfrentó a Ricky Quiles para defender su título de peso ligero de la Asociación Norteamericana de Boxeo. Al final del combate se derrumbó. Murió en el hospital después de una cirugía al cerebro.

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Becky Zerlentes (Estados Unidos), 2005
Es hasta ahora la única boxeadora que ha fallecido a causa de una pelea. En 2005, Zerlentes participaba en los Campeonatos Estatales de Boxeo Femenino de Colorado y en el tercer asalto de su pelea ante Heather Schimtz, un golpe la dejó en el suelo. Nunca más abrió los ojos.

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Marco Antonio Nazareth (México), 2009
Se enfrentaba en Jalisco contra su compatriota Omar Chávez. La lucha era pareja, sin embargo, en el cuarto round, Nazareth recibió potentes golpes en la cabeza que obligaron al juez a culminar la pelea. Apenas se sentó en su esquina se desvaneció. Tres días después fue diagnosticado de muerte cerebral. Cuatro días después murió.

 

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Curiosidades El hombre cuyo miembro sigue “firme”desde el más allá
Domingo, mayo 6th, 2012

Un periodista francés, fallecido en 1870, es el protagonista de un raro mito que invita a las mujeres a frotar la entrepierna de una representación del fallecido, como promesa de una fertilidad asegurada.

En el parque cementerio parisino de Père Lachaise, entre los sepulcros de varias celebridades, se destaca la tumba de un joven periodista que se ha convertido en sitio de peregrinación femenina por cuenta de lo realista de la estatua que lo rememora.

Victor Noire fue abatido a sus 22 años, justo a la víspera de su boda por cuenta de la mano de Pierre Bonaparte, primo del regente emperador Napoleón III -además de sobrino nieto de Napoleón Bonaparte-. Todo ocurrió en medio discusión, derivada de una reyerta política, que terminó mal.

La muerte del oscuro gacetillero tuvo un gran impacto en la sociedad parisina, elevándolo casi al pedestal de héroe nacional y en medio de la impopularidad del emperador.

Unas 100.000 personas acompañaron el cortejo fúnebre. La indignación fue peor cuando el miembro de la familia gobernante declarado inocente del crimen… Al poco tiempo, aunque por causas diferentes, ya no hubo más imperio.

Noire originalmente fue inhumado en el camposanto de Neuilly. Luego de 21 años fue trasladado al panteón donde están los restos de quienes han hecho historia en Francia, Père Lachaise. Sin embargo, no es esta historia lo que atrae las visitas a la última morada del informador.

Una estupenda estatua -puesta sobre la tumba- fue realizada en bronce por el escultor Amédée- Jules Dalou y refleja fielmente al cadáver de Victor Noir, tal cual cayó tras el disparo de Pierre Bonaparte: boca arriba, con los labios entreabiertos, las manos que yacen, la camisa desabrochada donde se marca el sitio exacto en donde recibió la bala y el sombrero tirado a un lado.

Tal fue el realismo que un detalle más sobresalió, una protuberante erección que se adivina en sus pantalones.

El mito, que no se sabe de dónde salió, señala que la mujer que desee asegurar su fertilidad, levar una vida sexualmente feliz o conseguir marido dentro del año siguiente, debe colocar una flor en el sombrero, después besar la estatua en los labios y por ultimo frotar el área genital de la efigie.

Lo único cierto es que con el paso de los años, el metal de la estatua se ha venido oxidando, con excepción, claro, del área de la bragueta, que permanece tan brillante como lo estuvo el día de su inauguración, cuando París era un hervidero republicano.

Fuente: http://www.semana.com/

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El Lumbalú es el arte de llorar …
Domingo, abril 29th, 2012

 

Las Alegres Ambulancias: un canto fúnebre

 


En esencia es un grupo de Lumbalú, el ritual fúnebre propio de los pueblos palenqueros.

En el Carnaval de Barranquilla, varias mujeres entonan cantos para que las almas de los muertos no queden vagando.

Vienen casi todos los años de San Basilio de Palenque, primer pueblo libre de América y cuna antropológica de leyendas, cuentos y canciones que descienden de diversas etnias africanas. Allí nace el grupo denominada Las Alegres Ambulancias, que representan por excelencia la música ancestral.

Su directora es Graciela Salgado Valdez, quien heredó de su familia una relación privilegiada con los tambores sagrados. En esencia es un grupo de Lumbalú, el ritual fúnebre propio de los pueblos palenqueros. La tradición invita a las cantadoras a acompañar al muerto y a los familiares que están de duelo.

Las Alegres Ambulancias cantan con la intención de mitigar el dolor, superar el vacío de la pérdida, estabilizar emocionalmente a los parientes y amigos y para permitir, por medio del ritual fúnebre, que el difunto transite sin tropiezos y no quede vagando, hasta el más allá recomendándolo a los familiares antes fallecidos.

Las Alegres Ambulancias nacen como propuesta musical en el año 1980, pero ya era una tradición porque abuelos, madres, tías y padres habían participado en el grupo. “Esta es la cuarta generación y toca cumbia, bullerengue, chalupa, pajarito, sexteto, chandé, puya, bullerengue y lumbalú”, dice Tomás Teherán Batata, hijo de Graciela, la mujer que asumió la dirección del grupo cuando tenía 25 años. Ahora tiene 83 años.

El grupo hace parte del denominado Cabildo Lumbalú, que existe desde los tiempos de la Colonia y que agrupa a los viejos del pueblo en una cofradía religiosa, encargada de organizar los entierros y todo lo que tiene que ver con el culto de los muertos en Palenque. “El Cabildo es el descendiente directo del Estado independiente que regía la vida de los cimarrones palenqueros, rebeldes y guerreros, que hacían resistencia al orden colonial. Cada vez que muere alguien, la familia del difunto contrata a Las Alegres Ambulancias para que vengan a tocar en el velorio que dura nueve días con sus noches”, explica Tomás Teherán.

Graciela fue escogida como la líder del grupo por un hecho muy significativo: pertenece a la familia de los jefes naturales del cabildo, los Salgado Valdez, más conocidos como los “Batata”, dinastía de tamboreros muy conocida en la región.

Su responsabilidad es enorme porque debe mantener el grupo que interpreta desde hace más de un siglo una tradición oral que cuenta con 500 años de antigüedad, transferida de generación en generación por las cantadoras.

Las demás integrantes del grupo también pertenecen al Cabildo, un grupo de adultos mayores conocedor de los rituales fúnebres del lumabalú y que domina un dialecto derivado de las lenguas Bantú y Angola, propios del Continente Africano.

“Le pusimos el nombre Las Alegres Ambulancias-Música funeraria Afro Colombiana- porque nosotras somos unas viejas alegres, tomamos ron, cantamos y animamos los entierros. El Lumbalú es el arte de llorar a los muertos para que los ancestros estén contentos”, dijo una vez Graciela Salgado.

“Las bullerengueras se toman su botella de ron y se ponen a cantar con sus voces profundas. Son cantos que se parecen a los lamentos de los esclavos cuando atravesaban el mar a bordo de los barcos negreros”, señala Tomás Teherán.

“Nuestra historia es de tradición porque es un grupo que ha pasado de generación en generación. Está integrado por tambores y voces, pero nos esmeramos en armar una puesta en escena bien llamativa. Tenemos seis tambores alegres y otro percusionista que se encarga de hacer sonar tres tamboras y un platillo”, agrega.

El repertorio de este colectivo familiar lo conforman más de 300 canciones que se les enseña a los niños de Palenque a través de una fundación para ir cultivando el talento. “Así garantizamos que no se acabe la tradición”, termina diciendo Tomás.

Tomado de : http://www.zonacero.info

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