El Duelo

El significado de muerte desde la perspectiva de una adulta mayor
Sábado, abril 14th, 2012

 

Quisiera compartir con ustedes el significado de muerte desde la perspectiva de una adulta mayor. De esta manera, al preguntarle sobre la muerte este fue su discurso:

¨Es el final de la vida en esta Tierra, si nos salvamos es una eternidad, una eternidad no tiene fin, no sé….. Yo me vuelvo loca pensando en eso. La verdad deberíamos pensar en la eternidad y no en esta vida que es pasajera. El morir…. oiga la palabra, el morir en gracia de Dios es para siempre, yo me pregunto ¿qué es una eternidad? Día y, es que no se termina, es una eternidad, no sé si será aburrida, debe ser lindísimo. Es el más allá. Yo me pongo a pensar en el infierno, el infierno está aquí mismo, si hago cosas malas cosas malas recibo, y si hago cosas buenas cosas buenas recibo. Lo malo que haga aquí, aquí tiene el pago, lo mismo lo bueno´
Se evidencia cómo cada ser humano en la interacciones sociales conforma o construye todo un significado de muerte y de lo que hay después de esta. Esta construcción social de muerte depende como dice Hilda del lugar, la religión, las ideologías, costumbres y la cultura de la persona. ::)
María Goñi:
Una paciente que asistí hace algún tiempo me dijo lo siguiente:
“La muerte, ay la muerte, yo solo espero que la pelona me lleve, ya yo viví bastante y la vida es para los que quedan, de por si, a todos nos toca y a mi ahorita me lleva la señora”
Otro paciente adulto medio enfermo terminal una semana antes de morir, refiriéndose a la muerte me dijo:
“Quisiera saber que es estar sano de nuevo”
Jorge:
Hola María! De acuerdo a lo que he podido comentar con personas adultas mayores, principalmente de mi familia, que han tenido tantas pérdidas en su vida y que en su semblante reflejan el cansancio provocado por una vida de lucha, de trabajo, de sufrimientos y de alegría, a la pregunta ¿Qué piensa de la muerte?, me han contestado: que la muerte es inevitable, pero que esperan que sea el alivio, el descanso, que solo les preocupa lo que pueda pasar con los que seguirán viviendo, en este mundo tan diferente al que conocieron en sus tiempos de juventud, aislados, sin noticias, sin televisión, pero dormían tranquilos y hasta con la puerta abierta.
En una ocasión, un Adulto Mayor que enviudó en esos días, y que presenció la agonía dolorosa de su esposa, con las pocas lágrimas que aún le quedan, me comentaba sobre lo mucho que pidió a Dios que no la hiciera sufrir más, que le pasara el dolor a él, porque así como habían compartido tantas cosas en los 55 años de casados, era justo que lo compartieran también.

A mi concepto en la vejez, se despierta el temor, la solidaridad, el amor y sobre todo aferrarse a una idea salvadora que nos permita vencer el temor a la muerte.
Yerlin Umaña:
Con respecto al significado de la muerte en la persona adulta mayor, considero que al igual que en otras edades va depender mucho de las experiencias y la percepción sobre la muerte que tenga la persona. Sin embargo, cuando he compartido con grupos de adultos mayores ya sea en el trabajo o cuando he visitada a mi papá en el hospital, me ha llamado la atención la familiaridad y lo fácil que les resulta hablar del tema, ellos bromean sobre la muerte y “pareciera” haber una mayor aceptación de la muerte como destino final, e incluso la esperan.
En lo personal, creo que este tipo de actitud ante la muerte se debe en parte por un proceso de socialización que ya de porsí espera que sea la persona mayor quien muera, y por lo tanto al adulto o adulta no le queda otro que resignarse ya aceptarla o por lo menos mostrarse socialmente como si realmente esta preparado para enfrentar el proceso del morir. Y digo que mostrarse socialmente porque lo vi con mi padre, frente a su grupo de compañeros en el hospital bromeaba sobre el tema y aparentaba una aceptación, sin embargo en una conversación que tuve con él luego de una crisis, me di cuenta de que tiene mucho miedo de morir y no quiere que suceda todavía, aquí descubrí el doble discurso que maneja mi papá y posiblemente muchas personas más para poder controlar la angustia que nos provoca la muerte.
Marjorie Ch:
Durante algún tiempo tuve la oportunidad de compartir con personas adultas mayores, cuya salud era bastante buena. Las experiencias vividas se orientaban a hacer de su estancia en la vida un lugar mejor, y una vivencia satisfactoria. Sin embargo, cada vez que se trataba el tema, aparecía el tema de la muerte. Logré concluir que al menos esa población manejaba dos grandes temores que intervenían en el disfrute de su vida y en la calidad de la misma: el temor a morir y el temor a enfermar (principalmente una enfermedad dolorosa y larga).
El discurso de las personas adultas mayores se acompañaba de una cierta resignación. También me di cuenta que su temor se acompañaba de experiencias del pasado, de observar a sus padres, abuelos (as), hermanos (as), amistades y otras personas con enfermedades terminales. Por ello creo que una herramienta valiosa que el profesional en gerontología debe implementar para erradicar o al menos disminuir ese temor a la muerte y el dolor, es analizar los pensamientos irracionales o racionales que cada quien tiene, pero siempre tomando en cuenta su realidad, de esta manera no solo se puede bajar la ansiedad sino hacer que la persona logre disfrutar sus días con calidad.


http://tanatologia.org

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Guía de Urgencias sobre el duelo
Domingo, abril 8th, 2012

Usted ha perdido un ser querido y esto representa una de las tragedias más graves que pueden sucedernos. Así lo entendemos y lo reconocemos. Por ello, permítanos ayudarle en estos difíciles momentos mediantes estos cortos consejos. Utilícelos como herramientas que le permitan administrar su dolor en los instantes más difíciles.

La familia. La pérdida de un ser querido nos afecta a todos como familia y es en ella donde podemos encontrar nuestra mejor ayuda. La situación es bastante dolorosa como para que la familia se desuna y cada uno tenga que llorar solo. Al contrario, en momentos de crisis la familia debe permanecer aún más unida y compartir su dolor conjuntamente.

Las diferencias. Las reacciones a la pérdida de un ser querido varían mucho entre las personas y entre uno mismo según la edad que uno tiene y las circunstancias en las que se encuentra cuando tiene estas pérdidas. Por ello, no será apropiado que se compare con otros.

Los factores que marcan la diferencia. El nivel de apego que se tenía con la persona perdida, las características de la muerte (muerte súbita frente a muerte anticipada o esperada), la personalidad que uno tenga, la disponibilidad de apoyo social o familiar y la presencia de otros problemas graves que suceden al mismo tiempo pueden hacer que nos sintamos diferentes unos de otros a pesar de haber perdido la misma persona.

El dolor. Debido a que en ninguna otra situación como en el duelo el dolor producido es TOTAL (en verdad toda la vida nos duele), no olvide que su dolor es legítimo, real, extremadamente intenso y muy diferente al de una fractura de un hueso, de una quemadura grave o de cualquier otro dolor severo.

Nuestro mundo. Cuando perdemos a un ser querido, su ausencia puede afectar de forma grave las relaciones que tenemos con el mundo y con otras personas. Así, es normal que durante el período del duelo sintamos que nuestra realidad se ha hecho añicos, que nuestro sentido de la vida se ha perdido y que sintamos que nuestra personalidad o nuestro corazón se ha roto. Siempre será bueno que exprese y comparta sus sentimientos con sus otros seres queridos: se dará cuenta que ellos piensan y sienten lo mismo.

La mala comunicación. Una reacción frecuente que tenemos cuando perdemos un ser querido es la de no “mostrarle” a otros nuestra angustia para de esta forma no angustiarles, y los otros hacen lo mismo: no se angustian para no angustiarnos. Así, lo único que logramos es “construir” un muro entre ellos y nosotros, una barrera a través de la cual “pasan algunas cosas y otras no”, perdiendo de esta forma la más valiosa herramienta para poder recuperarnos: una buena comunicación, un “espacio”, unas “personas” con las que podemos llorar y hablar libremente de la muerte, el dolor, la ausencia, la angustia, la falta que nos hace, etc.

Las fases. El duelo tiene unas fases o etapas por las cuales transcurre el proceso de recuperación que son muy parecidas a las etapas por las cuales una herida pasa hasta que queda la cicatriz. Las reacciones que se presentan son totalmente normales y esperables ante la pérdida de un ser querido, y son comunes a todos aquellos que se encuentran en estado de duelo. Pueden presentarse de forma simultánea, solo algunas de ellas por vez, el predominio de una sobre otras o escalonadamente, pudiendo persistir algunas por un tiempo más prolongado o continuar en la siguiente fase del duelo. Así, no se extrañe, lea sobre ellas, déjelas pasar y compártalas.

Síntomas. Sentirá muchas cosas, algunas de ellas nuevas, extrañas, angustiosas y muy dolorosas. Entre estas están: incredulidad, confusión, inquietud, oleadas de angustia aguda, pensamientos que se repiten constantemente y que no logra quitarse de la cabeza, boca seca, suspiradera, debilidad muscular, llanto, temblor, problemas para dormir, pérdida del apetito, manos frías y sudorosas, náuseas, orinadera, diarrea, bostezos, palpitaciones o mareos. Reconózcalas, expréselas y compártalas con sus familiares. Se dará cuenta que muchos o todos ellos también son sentidas por otros.

Sentimientos. El estrés prolongado, la culpa, la rabia, la irritabilidad, el sentimiento de alivio por la terminación de una relación complicada, el buscar a la persona en lugares familiares, sentir su presencia, soñar con él o ella, la incredulidad y la negación, la frustración, los trastornos del sueño, el miedo a la muerte, las ganas de estar solos, la impaciencia y el afán porque todo termine, el cansancio y la fatiga, el repaso continuo de lo sucedido, la desesperación, el desamparo y la impotencia son sentimientos normales durante el duelo. Reconózcalos y expréselos en compañía de sus seres queridos.

Preguntar por lo sucedido. El revivir la experiencia (la causa de la muerte o lo que condujo a esta) facilita la integración de la realidad de la pérdida (todo lo contrario a lo que la gente suele hacer); es como la limpieza de una herida: aunque duele mucho al principio, a medida que ésta va cicatrizando el dolor será menor. No obstante, la pérdida de un ser querido no se “supera”: uno se “recupera” de las pérdidas, más estas nunca se superan; molestarán de cuando en vez como lo suele hacer una cicatriz.

Tiempo. El proceso de recuperación tras la pérdida de un ser querido suele tardar entre 3 y 4 años para completarse (para uno recuperarse totalmente). El peor período podrá ser el primer año. Tómeselo con calma y no se presione. Cada cosa a su tiempo. Recuerde que lo que predomina es el tiempo subjetivo.

Prevenir. Durante el duelo debe seguirse un control médico periódico para prevenir, tratar a tiempo o controlar ciertas enfermedades que pueden aparecer o empeorar. Tenga esto presente especialmente si hay adultos mayores de 60 años en la familia o personas con enfermedades graves previas a la pérdida.

Llorar. Existen muchas circunstancias en la vida que nos producen dolor (golpes, quemaduras, un parto, operaciones, etc.) y por las cuales lloramos con amplia libertad. ¿Porqué no habremos de llorar ante una situación que nos produce un dolor total? (duele el alma, el cuerpo, la familia, el pasado, el presente, el futuro, etc.). Así, no solo se puede llorar, sino que, además, es sano pues el llanto actúa como una válvula liberadora de angustia.

Los cambios. Cambiar de casa o de ciudad no hará que su dolor desaparezca; además, esto añade la pérdida de un ambiente familiar y de apoyo. No debe olvidar que el dolor lo llevamos dentro e irá con nosotros para donde vayamos. En su lugar, compártalo con sus otros familiares que también estarán sintiendo lo mismo. Recuerde que cuando las penas se comparten parecen menos pesadas.

Los objetos. Ver las fotos de la persona fallecida, tener sus objetos personales, su ropa, escuchar su música y realizar otras actividades relacionadas con la persona perdida son cosas que a muchos ayudan y a otros angustian. Antes de tomar cualquier decisión, compártalo con los otros miembros de la familia y tomen una decisión entre todos que sea satisfactoria para cada uno.

Las fechas especiales. Las fechas importantes relacionadas con la persona perdida o con el resto de la familia (por ejemplo, cumpleaños, día de la madre o el padre, navidad, semana santa, etc) serán siempre muy dolorosas y estaremos mal; lo sabemos y deberemos anticiparlo: serán unos malos momentos. No obstante, recuerde que en momentos de crisis la familia debe permanecer más unida aún y llorar conjuntamente. Aislarse sólo empeorará nuestro dolor pues le añadiremos soledad.

Qué hacer. Algunas personas encontrarán consuelo por la pérdida de un ser querido acudiendo a su sacerdote de confianza, a sus amigos, al ejercicio físico o aumentando sus horas de trabajo diario; para otros podrá ser útil estar en un grupo de auto-ayuda o acudir a los especialistas en duelo. El alcohol o las drogas no son la forma más sana o apropiada de encontrar consuelo; esto solo le añadirá más problemas.

Los niños. Para ayudar a un niño a enfrentar saludablemente la muerte de un ser querido es absolutamente imprescindible conocer adecuadamente su proceso normal de aflicción, sus atributos especiales, la concepción de muerte que se corresponde con su edad y desarrollo psicológico, los factores de riesgo y el proceso general para facilitar su enfrentamiento. Solicite información especializada al respecto.

El cuidador sustituto. La calidad de la relación con el cuidador sustituto del niño (es decir, aquel que queda encargado de su cuidado) es el factor más significativo en determinar el resultado del duelo, incluso más que la misma pérdida.

Su proceso. El proceso de ayudar a un niño a recuperarse de la pérdida de un ser querido debe estar siempre acompañado de un lenguaje sencillo y apropiado a la edad del niño, evitando explicaciones complicadas o que estimulen sus fantasías y concepciones equivocadas de la muerte, facilitando en la medida de lo posible su participación, siempre y cuando éste quiera, en la pena familiar y en los ritos asociados (entierro, velorio, novena, etc).

Ayuda práctica en duelo. Entre las cosas prácticas que me pueden ayudar los primeros días del duelo están: Lavado de la ropa y planchado, arreglo y mantenimiento de la casa, mercado y preparación de los alimentos, pago de impuestos, servicios públicos, trámites funerarios y otros trámites, compras diversas, animarme a escribir un diario o bitácora, regalarme un libro, acompañarme, cuidado de los niños.

Botiquín de primeros auxilios espirituales. De la misma forma que en situaciones de urgencia física (por ejemplo, ante una herida o quemadura) acudimos a nuestro botiquín personal, familiar o empresarial de urgencias, igualmente debemos implementar nuestro “botiquín de primeros auxilios espirituales”. He aquí algunas ideas:Pañuelos desechables, un devocionario o la Santa Biblia, un libro preferido, teléfonos de amigos que nos pueden ayudar y que saben escuchar, fotos que nos traen gratos recuerdos, frases célebres o reflexiones escritas o grabadas, objetos personales del fallecido, cartas personales, música preferida por el fallecido o por uno mismo, radio-grabadora para escuchar o reproducir, grabación de audio o imagen (VHS), libreta y bolígrafo para tomar apuntes, vela, veladora o velón.

Las “Rs” de la rehabilitación para las reacciones de aniversario y otras fechas significativas. Reunirse: Reunirnos con la familia, amigos y otros seres queridos, recordando que el duelo es un asunto de familia, un momento de unión y comunión. Repasar (rumiar): Repasar, preferentemente en familia, lo vivido, lo sucedido desde el fallecimiento y todos los hechos que condujeron a la pérdida, así como los logros alcanzados hasta este momento.. Reflexionar: Reflexionar sobre lo sucedido, lo perdido, lo alcanzado, lo que nos espera, lo que pensamos, las decepciones y las sorpresas y sobre lo conseguido. Reconciliarse: Reconciliarnos con el pasado y el presente, con lo hecho y no hecho, con nosotros mismos y con los demás. Reposar: Descansar nuestra afligida existencia, mimarnos y cuidarnos física y psíquicamente es una parte esencial del proceso de recuperación. Ritualizar: Establecer un ritual u homenaje familiar de recuerdo para con el ser querido fallecido es una estrategia muy útil para nuestra recuperación.Rezar: Rezar alguna oración, frase, poema u otra oración significativa con el culto que se profesa.

Reírse: El buen sentido del humor es una excelente medicina para el espíritu (aunque conocemos los efectos de la risa, debemos ser sensibles al humor de los demás y tener las debidas consideraciones de respeto).

La familia. Recuerde siempre que el duelo es un “asunto de familia” y es allí donde debe intentar resolverse.

No piense, sienta. Puesto que el duelo no se resuelve con la razón ni con la inteligencia, sino con el corazón, no trate de pensar o razonar cómo tiene que recuperarse: lo que debe hacer es sentir y expresar su dolor.

Economice. El duelo absorbe la mayor parte de nuestra energía y cualquier cosa que nos quite energía será molesta e irritante. Así pues, nuestro nivel de tolerancia disminuye. Esto hace parte de la “economía del duelo” a que nos vemos sujetos tras la pérdida de un ser querido.

El ritual. Cuanto más corto es el ritual más complicado suele ser el duelo.

Recuperación. Para recuperarnos es preciso curar el dolor (los distintos tipos de dolor) y recuperar nuestro mundo (es sus tres grandes esferas). Estas son las 2 grandes tareas del duelo.

Compense. La pérdida de sentido de la vida, de la realidad y la fractura de nuestra personalidad nos obligan a “compensar”, magnificando, inflando o maximizando lo que queda de cada una de ellas. Muchas veces no es más que darles o devolverles su valor real.

Exprese. No reprima los sentimientos, más bien articúlelos en palabras (hablar), en papel (escribir), en sonidos (gritar o cantar) o con el ejercicio.

Consulte. De la misma forma que es apropiado consultar a un médico cuando nos duele algo, llevar el carro al taller o el equipo de música a arreglar, cuando perdemos un ser querido es igualmente apropiado consultar a los especialistas en duelo; no tiene porqué sentirse extraño o débil o sentir vergüenza por ello. Para ello estamos, para ayudarle.

Las dudas. Recuerde que para nosotros no hay dudas, preguntas o problemas que no tengan importancia. Si se relacionan con usted y su dolor, estaremos siempre para ayudarle. No dude en pedirnos ayuda.

Información, Compañía y Conversación. Estos son tres de los elementos más importantes para facilitar un duelo sano.

Fuente: Dr Jorge Montolla Carrasquilla

http://montedeoya.homestead.com/

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De lo que se arrepiente la gente antes de morir
Miércoles, febrero 22nd, 2012

A diferencia de Edit Piaf, que decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento.

Lo que la autora espera, dice, es que su libro “ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse”.

El principal arrepentimiento es haber tenido el coraje de hacer en la vida lo que realmente queríamos. Eso es lo que afirma Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, quien acaba de compilar en un libro la lista de los cinco principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir.

La enfermera australiana reunió en su libro las “confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte”, lo que hubieran querido hacer o no hacer.

Fueron confesiones, dice, que le ayudaron a transformar su vida.

Porque según Bronnie Ware, es realmente triste llegar a la tumba pensando “ojalá lo hubiera hecho…”.

“Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes” explica la autora a la BBC.

“Y el principal arrepentimiento de mucha gente es ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera’”, agrega.

“Otro arrepentimiento común es ‘ojalá no hubiera trabajado tanto’, porque eso, decían, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida”.

El libro, titulado “Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos”, es un recuento de memorias sobre la vida de la autora y sus experiencias durante años de trabajo en cuidados paliativos.

Los pacientes de Ware eran personas que habían sido desahuciadas y esperaban en cualquier momento la muerte.

Esto, dice, la permitió compartir “momentos increíblemente especiales. Porque pasé con ellos las últimas tres a doce semanas de sus vidas”.

Enfrentando la mortalidad

La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado “Arrepentimientos de los Moribundos”, se volvió viral en internet y Ware decidió escribir algo más completo sobre esas confesiones y la forma como “transformaron su vida”.

“La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad” explica la autora.
“Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación”.

“Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir”.
Bronnie Ware dice a la BBC que “otro arrepentimiento común entre los moribundos era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos”.

“Y eso se aplicaba tanto en los sentimientos positivos como negativos”.

“Muchos decían: ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas’, o que hubieran tenido el coraje de hablar con personas y decirles lo que realmente sentían por ellas”.

El artículo de Bronnie Ware sobre arrepentimientos de los moribundos se volvió viral en internet.

“También era muy común arrepentirse de no haber vuelto a tener contacto con viejos amigos. Mucha gente decía que le hubiera gustado volver a ver a alguien para recordar momentos de su vida, pero no habían hecho el esfuerzo de encontrarlo”.

Según Ware, al final de la vida los amigos son muy importantes porque a menudo los familiares que rodean a un enfermo terminal están pasando por su propio duelo. Una persona en su lecho de muerte a menudo extraña a esos amigos, dice, pero muchas veces, cuando se les pierde el rastro, ya es demasiado tarde para encontrarlos.

Los moribundos, dice Bronnie Ware, también “hubieran deseado ser más felices”.

Algo que llama la atención es que todos estos lamentos de los moribundos son de cosas que no hicieron. La gente no parece arrepentirse de algo que sí hizo.

“Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo” explica Ware.
“Por eso es más común arrepentirse de algo que no hicimos”.

“Pero pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado. Y esto se aplica principalmente cuando una persona está enferma y no tiene ya libertad de hacer cosas porque no tiene salud”.

Lo que la autora espera, dice, es que su libro “ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse”.

“A mi estas confesiones me ayudaron a implementar grandes cambios en mi vida y espero que la gente que lea el libro también pueda entender que la vida está pasando hoy y que ahora es el momento de vivirla”.

“Mi principal mensaje es que todos vamos a morir, y que si en este momento nos arrepentimos de algo tratemos de solucionarlo ahora”.

Cinco grandes arrepentimientos

*Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.

*Ojalá no hubiera trabajado tanto.

*Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.

*Habría querido volver a tener contacto con mis amigos.

*Me hubiera gustado ser más feliz

Tomado de : http://www.finanzaspersonales.com.co

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