Epitafios, Frases & Condolencias

Palabras para mi funeral
Jueves, enero 26th, 2012

El escritor Héctor Abad se adelanta a su muerte y deja por escrito lo que le gustaría se dijera el día en que acabe su vida.

Señoras y señores:

El suicidio de Héctor Abad nos ha sorprendido a todos, empezando por mí. Yo, que lo conocí desde mi más remota infancia y que tuve con él un trato bastante íntimo, puedo decir que no me esperaba este último gesto, en mi opinión muy histriónico e incluso de mal gusto. Él me decía siempre, cuando alcanzaba las cimas de la desesperación, que no pensaba matarse nunca, por un motivo muy simple: para no darles gusto a sus enemigos. Y repetía mucho la siguiente frase: Suicidarse, ¡qué cursilería! Sin embargo ayer lunes supimos que se había quitado la vida en su casa, en algún momento del domingo. La nota de despedida, clara sobre sus intenciones, pero oscura sobre los motivos del acto, deja algún espacio a la especulación. No creo cometer una infidencia si la reproduzco aquí:

Héctor Joaquín Abad Faciolince escritor y periodista colombiano.

Héctor Joaquín Abad Faciolince escritor y periodista colombiano.

Hijos míos, hermanas, amigos: he resuelto matarme a pesar de lo mucho que he amado la vida. Estoy cansado de todo y creo que ya es suficiente con lo que he vivido. Los quise mucho; no me guarden rencor. Perdonen la molestia del cuerpo, pero no supe cómo deshacerme de él. Al dorso de este papel dejo algunas instrucciones para el entierro. Mis asuntos están al día; no tengo deudas ni secretos ni esqueletos en el armario. Repártanse los libros y las cosas sin pelear. El baúl está repleto de libretas, diarios, novelas abortadas y poemas truncos; a lo mejor les pueden sacar algún partido. Los beso y abrazo con ternura, H.

En cuanto a las instrucciones para el funeral, unas pocas sugerencias al reverso de la misma hoja, estas decían así:
No quiero que haya ceremonia religiosa de ningún tipo. Ni curas, ni rezos, ni misas. Prefiero ser enterrado y no cremado, ojalá sin ataúd, envuelto en una mortaja sencilla (sábana) y sepultado directamente en la tierra. Si se puede, me gustaría que lo hicieran a la sombra de algún árbol, en el bosque de la finca, en La Ceja. No quiero epitafio. En vez de rezos o discursos pueden poner música clásica. Propongo esta cantata de Bach: ‘Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit’, más popularmente conocida como ‘Actus Tragicus’ (BWV 106). Aunque es una música algo solemne, me parece adecuada para la ocasión. Es música sacra, pero yo siempre la oí con un sentimiento profano, terrenal, sin darle ninguna connotación metafísica. Es triste y bella y basta.

Respetando su última voluntad, aquí podrán ustedes oír el Actus Tragicus de Juan Sebastián Bach. Esta sola hoja, escrita por lado y lado, nos indica que Héctor Abad tomó la decisión de matarse después de un tiempo de reflexión. Que no se diga que fue un acto impulsivo, repentino, motivado por la ira o la desesperación. La forma no fue, en la medida de lo posible, muy violenta: un frasco de somníferos y una bolsa anudada al cuello con un elástico. Paro cardíaco por exceso de relajantes musculares y asfixia anóxica por inhalación de CO2, es lo que dice la necropsia. Su cuerpo lo encontró Emma, la empleada de toda la vida, al llegar el lunes por la mañana a su casa. Estaba en la cama, medio tapado con una cobija, en posición fetal. Lo único extraño era la bolsa sobre la cabeza. Emma llamó una ambulancia, pero los paramédicos únicamente pudieron constatar el deceso.

Llegados a este punto, me gustaría poder explicarles el suicidio de Héctor. No creo poder hacerlo; a la hora de hacer este balance final, me pregunto si lo conocí realmente. Había en él, a pesar de ser una persona de trato amable y abierto, una cierta distancia cautelosa y una mal disimulada reticencia. A lo más íntimo de su intimidad, me temo yo, no tenía acceso ni siquiera él mismo. Había una zona oscura en su conciencia de la que brotaba todo lo que él era y hacía, pero de qué forma funcionaba, yo no lo supe nunca, ni creo que él mismo lo supiera con claridad. Él solía decir que una de las escenas literarias que más le gustaban era la de Peer Gynt, de Ibsen, en el momento en que el personaje va pelando, capa por capa, una cebolla, como quien busca adentro un núcleo duro, una semilla que todo lo explique, pero al final encuentra que no hay semilla, y se queda con aire vacío entre las manos, como si las mismas capas concéntricas y delgadas de la cebolla fueran la semilla, y al mismo tiempo todo, y nada. Tal vez una persona sea lo que de ella podemos ver, y nada más.

Notarán ustedes aquí, alrededor de su cuerpo, a varias mujeres que han venido a despedirlo. Las hay jóvenes, viejas, maduras, de distinto aspecto, origen e intereses. Está también su compañera de los últimos años, a quien dejó una nota especial que no se nos ha permitido leer hoy aquí. Como bien pueden notar, no lloran a los gritos por su muerte, pero a todas se les salen algunas pocas lágrimas tibias y nostálgicas. Creo no equivocarme si digo que ellas lo van a recordar mientras sigan vivas, aunque solo de vez en cuando, con una sonrisa entre tierna, pícara y complacida. Tenía el señor Abad, con ellas, una gracia leve, un trato agradable, que hacía sentirlas bien por un rato. No creo traicionar la conciencia de estas mujeres que hoy nos acompañan, si digo que todas ellas lo amaron un poco —aunque casi nunca profundamente, casi nunca con una entrega total, quizá porque él mismo les aconsejaba no hacerlo—, y al mismo tiempo tuvieron siempre la sensación de que él seguiría siendo un hombre ajeno, un hombre solitario, más bien lejano, o cercano con intermitencias, incapaz de algún modo de compartir todo su ser o de comprometerse por completo en cualquier causa, incluidas ellas. A todas las quiso un poco el señor Abad, a algunas incluso las amó con intensidad, pero no siempre, ni por mucho tiempo, ni a toda hora; solo a ratos, con un interés y un gusto inconstantes.

Nunca el amor, la política, los equipos de fútbol, los países, el arte, la música, ni siquiera la pasión literaria, absorbieron por completo su mente o su corazón. A todo se entregó con una cierta distancia de aficionado, nunca de profesional, y siempre con una dosis de desconfianza y reserva. Con interés y competencia, con cariño, pero con una ternura distante, incompleta. Mi amigo Abad odiaba todo fanatismo, y quizá por esto nunca fue una fogata, sino una vela para alumbrarse en la noche; no era hielo, sino un vaso de agua fresca. Jamás se entregó a ninguna causa con pasión exaltada o exclusiva.

Debo decir, sin embargo, que hubo dos pasiones que lo embargaron completamente, hasta su hondura más honda, y hasta el último día de su vida: su hija y su hijo. Ellos no han podido venir hoy a acompañarlo en su postrero viaje, pues por desgracia tenían cosas más importantes que hacer en el Viejo Mundo, donde viven desde hace muchos años. Él jamás les hubiera pedido que vinieran por un asunto, en cierto sentido, tan trivial, y en todo caso tan molesto. El señor Abad sabía muy bien lo estorboso y pesado que puede ser un cadáver y jamás hubiera querido que sus hijos tuvieran el problema de tener que encargarse de algo tan desagradable como una ceremonia y un entierro. Me consta, sin embargo, que el señor Abad los amaba con todo su corazón (como se dice), y que sus hijos, de una forma oscura y divertida, lo amaban también a él, como quien ama a un padre tierno por su recuerdo, pero a quien no se visita demasiado por estar internado ya hace muchos años en un asilo para enfermos mentales o personas que han perdido el uso cabal de sus facultades. Si bien este no es el caso del señor Abad, al final de su vida vivía como si lo fuera.

¿Qué más decir? Lo sobreviven tres de sus hermanas, aquí presentes, a quienes doy mis sentidas condolencias. Les pido, señoras, que sean algo más discretas en el llanto, nada más. No es para tanto. Ustedes mismas saben que fue un hermano querido, pero nunca el mejor de los hermanos. Así está mejor. Han venido también algunos amigos, menos numerosos de lo que se piensa, y entre quienes me cuento. Tampoco nosotros vamos a llorar por el amigo Abad. Lo extrañaremos a ratos, sí, porque había tardes y noches en que era agradable conversar con él, pues parecía interesado en nuestros casos y tribulaciones, aunque después se le olvidara todo, empezando por la fecha de nuestro cumpleaños. Nos hará falta, pero no mucha falta. Fue un amigo correcto, sin avaricia, que no exigía demasiado de la amistad, pero quizá como pedía poco, daba también poco, apenas lo suficiente para mantener un afecto constante y discreto.

El señor Abad no creía en Dios ni en el diablo. No creía en la vida eterna ni en la resurrección de la carne. Reconocía que tenía algo parecido a un alma, a la cual llamaba mente, pero sostenía que esta moriría al mismo tiempo, o quizá incluso antes, que su cuerpo. Sería, pues, una ofensa desearle una feliz estancia en la otra vida, o el descanso eterno, o una reencarnación en algún animal más alegre, o cosas así. Rezar por él sería como insultarlo. A los amigos y parientes que creen en estas cosas ultraterrenas se les pide que digan su oración en privado y en silencio, para adentro. Abad creía en la fugacidad de las cosas, en la fragilidad de la memoria, y en que todo poco a poco vuelve al polvo (al polvo estelar) y pierde organización y por lo tanto conciencia.

Dejó el señor Abad algunos libros y artículos publicados. Algunos de ellos, incluso, fueron traducidos a varios idiomas y tuvieron un cierto reconocimiento de crítica y de público. Él no creía que ninguno valiera mucho la pena. Les dedicó a ellos sus mayores esfuerzos y sus mejores días, pero si alguien dijera que en breve pasarán al olvido, sin pena ni gloria, el señor Abad estaría conforme, y también de acuerdo. Siempre fui el primer lector de sus escritos y aunque puedo decir que varias veces estuvo a punto de tocar la excelsa calidad literaria, nunca alcanzaba plenamente a ella. Se me ocurre ahora que quizá fue por esto que resolvió matarse.

POR HÉCTOR ABAD FACIOLINCE

Tomado de http://www.soho.com.co

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El Epitafio
Sábado, junio 18th, 2011

Epitafio del coronel de Lamoricière, catedral de Nantes

Un epitafio es el texto que honra al difunto, la mayoría normalmente inscrito en una lápida o placa. Tradicionalmente un epitafio está escrito en verso, pero hay excepciones. Se han conocido muchos poetas que han compuesto su propio epitafio.

Muchos son las citas de los textos santos, o aforismos. Se considera que un epitafio bueno es uno que es memorable, o por lo menos hace uno pensar. Un truco torcido de muchos epitafios exitosos es a ‘hable’ al lector y los advierte sobre su propia mortalidad; otro es una demanda del lector para bajar de su lugar descansando, como a menudo él le exigiría al lector que estuviera de pie en la tierra sobre el ataúd leer la inscripción. Algunos graban los logros, (por ejemplo los políticos pasados notan los años de sus condiciones de oficina) pero casi todos (con excepción de la tumba del soldado desconocido dónde esto es imposible) el nombre de la nota, la fecha de nacimiento y fecha de muerte.

Muchos epitafios fueron escritos con algún refinamiento literario, por lo que constituyen un subgénero literario lírico dentro del más general de la elegía o poema de lamento. Son subgéneros emparentados con él epicedio, el treno y el planto.

Historia

Antiguamente se daba este nombre a los versos que se citaban en honor de los difuntos el dia de sus exequias y anualmente se repetían en semejante días. Después se tomó por la inscripción que se pone sobre los sepulcros, como se ve en el día de hoy, unas veces en prosa y otras en verso a fin de conservar la memoria de los difuntos y erigir un monumento a su gloria. Los epitafios han sido muy variados, según las costumbres de los reinos y naciones. Los romanos tenían gran cuidado de hacer hablar a sus muertos en los epitafios que algunas veces estaban líenos de moralidades acompañadas de bellísimas piezas de escultura y arquitectura que no solamente servían de adorno y hermosura a los sepulcros mas también de instrucción a lo posteridad por las acciones ilustres que ellas representaban y por los discursos morales que tan bien espresaban. Se hacían en prosa o en verso o en lo uno y lo otro al mismo tiempo. Los epitafios más cortos se tenían por mejores siendo la idea el que pudiesen les caminantes y pasajeros leerlos enteramente de paso. Por esta razón Platón limitaba los epitafios en verso a cuatro hexámetros. Los mas comunes son los de forma de simple discurso conteniendo solamente los nombres de aquellos que están puestos en las sepulturas con una exposicíon corta de la edad de ellos, del año, el mes, y del día en que les tocó morir cual hoy se leen en la mayoría de los nichos de nuestros campos santos

Fuente: http://es.tanatopedia.net

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Epitafios, Frases & Condolencias
Jueves, marzo 25th, 2010

La muerte es el menor de todos los males.

Sir Francis Bacon

La vida es una ininterrumpida e intermitente sucesión de problemas que sólo se agotan con la muerte.
Ingmar Bergman

¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.

Jorge Luis Borges

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges

Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel.

Mahatma Gandhi

Algo hay tan evidente como la muerte y es la vida.
Charles Chaplin

Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.
Marco Tulio Cicerón

Sin no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?
Confucio

Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.
Pierre Corneille

Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.

Leonardo Da Vinci

No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo
Epicteto de Frigia

La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Epicuro de Samos

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.

Antonio Machado

¿Miedo a la muerte?. Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.

Marlene Dietrich

No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.

Simone de Beauvoir

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges

La muerte es un ensueño sin ensueños.

Napoleón

La muerte es el comienzo de la inmortalidad.

Maximilian Robespierre

Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.

Pierre Corneille

Una muerte bella honra toda la vida.

Francesco Petrarca

No me preocupa la muerte,me disolveré en la nada.

José Saramago

La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.

Fénelon

Sugerencias de Condolencias

  • Reciban todo nuestro afecto y apoyo espiritual en estos momentos difíciles.Que Dios los guarde y bendiga.
  • Reciban nuestras más sentidas condolencias por esta sensible pérdida.Ahora más que nunca, estamos con ustedes para lo que necesiten.
  • La distancia no es impedimento para manifestarles nuestras profundas condolencias.Reciban nuestro amor y consuelo en estos momentos difíciles.
  • Mi amor por ti no tiene límites ni barreras, el que ama lo calla todo, perdona y olvida mas borra todo dolor y todas las lágrimas vertidas sólo por amor.
  • El recuerdo de un sentimiento puede durar una vida, y yo no voy a olvidarte.
  • La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
  • El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados.
  • Tu recuerdo es el perfume de mi alma.
  • Dolor es lo que siente mi corazón al recordar tu pérdida.
  • En algún lugar de mi alma se extienden los desiertos que me produce tu pérdida, el dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.
  • Trataré de olvidarte, pero mi olvido será simplemente otra forma de amarte.
  • Dicen que el tiempo lo cura todo, pero sospecho que sólo enseña a vivir con dolor.
  • Nadie nos deja si su recuerdo vive en nuestros corazones.Reciban un abrazo fuerte de nosotros.
  • El motivo de este mensaje es expresarle mis más profundas condolencias por el reciente fallecimiento. Deseo que su alma descanse en paz y que encuentren pronto la resignación por tan enorme pérdida.
  • Nos ha impresionado el reciente fallecimiento. Le acompañamos en su sentimiento ante tan irreparable pérdida.
  • Apenas me acabo de enterar del lamentable fallecimiento. Dios le ayude a soportar tan gran ausencia.
  • Siento sinceramente el reciente fallecimiento. Le envío un fuerte abrazo.
  • Les envío mi más sentido pésame.
  • Les acompaño en su dolor.
  • Una gran persona, ejemplo vital para otras muchas; que su recuerdo permanezca y su trayectoria sea recordada. Condolencias a toda la familia.
  • Te envío mi más sentido pésame. Saluda afectuosamente a los más cercanos, y ya sabes que ahora, más que nunca, puedes contar con mi fiel y sincera amistad.
  • Les mando mi más sincero pésame y ojala el tiempo les enseñe a seguir adelante y a vivir los recuerdos, porque ellos son el mayor impulso al presente. ¡Un fuerte abrazo!
  • Te envío mi más sentido pésame; me hubiese gustado estar en ahí y haberte acompañado estos días tan tristes para ti.
  • En mis oraciones la recuerdo, y puedes creer que a ti tampoco te olvido.
  • No sé qué decirte…; es una cosa tan natural la muerte y, sin embargo, nunca contamos con ella. Su pérdida nos deja un gran vacío no sólo en vuestra casa, sino entre todos los amigos.
  • Acabo de enterarme de la triste noticia, siento mucho lo sucedido y te ofrezco nuestro apoyo y aprecio para superar tan malos momentos.
  • Aunque estés lejos de nosotros, te tenemos reservado un espacio en nuestros corazones. Espero que en estos momentos tan duros te sientas de algún modo acompañado.
  • En situaciones como ésta uno no sabe qué decir. Sólo espero que entre todos podamos hacer tu dolor un poco más llevadero. Mis condolencias sinceras, un abrazo.
  • En este momento de dolor quiero acompañarte y decirte que eres muy importante para mi y que puedes contar conmigo.
  • Cuenta conmigo para acompañarme en este momento de dolor
  • Hemos compartido muchos momentos de la vida y, en estos días difíciles, quiero que sepas que comparto tus sentimientos y estaré cerca si me necesitas.
  • Ahora más que nunca debes cuidarte el corazón para que el dolor sane y aparezca nuevamente la luz de la esperanza. Lo siento mucho.
  • Te acompaño en tu dolor.
  • Te enviamos un fuerte abrazo, lleno de cariño, esperanza y fe.
  • Te enviamos un fuerte abrazo, deseando que guardes recuerdos maravillosos que te den fortaleza para continuar y que transformen el dolor que ahora te acompaña en luz de esperanza. Lo sentimos mucho.
  • No olvides que en los verdaderos amigos siempre encontrarás consuelo. Estamos contigo.
  • Cuando perdemos algo valioso, ganamos experiencia y madurez para nuestra vida. Recibe nuestras más sentidas condolencias.
  • Con todo nuestro dolor, recibe nuestras sentidas condolencias.
  • Nuestros pensamientos y oraciones están contigo y toda tu familia. Sinceramente.
  • Nunca olvidaré tu amistad, sólo aprenderé a vivir con su recuerdo.
  • La tristeza es la carga más pesada que puedas llevar, sobre todo si está llena de un montón de recuerdos alegres.
  • La muerte no nos roba los seres queridos. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
  • Tu recuerdo es un paraíso del cual no podemos ser expulsados.
  • La muerte no es más que un sueño y un olvido.
  • Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
  • Nuestros lazos de la amistad fueron más estrechos que los de la sangre y la familia.
  • Viviste la vida de tal suerte que nos queda viva para siempre.
  • Día a día pienso en ti, en cada momento de mi vida, tu recuerdo esta en mí.
  • No podré olvidar tu presencia, sólo aprenderé a vivir con su recuerdo.
  • La vida no es más que un sueño que cuando se acaba no queda más que un recuerdo o… nada.
  • Ni las nubes del cielo, ni la luz del sol, son tan bellos como tu recuerdo.
  • Nadie desaparece del todo de la vida de uno, si ha sabido imprimir buenas huellas en el recuerdo.
  • Para que haya un día es necesaria una noche, para morir es necesario haber vivido por eso la existencia es un contraste entre el futuro y el olvido.
  • Al final nos vamos sin nada, pero tú nos dejas tus obras, familia, amigos y la influencia por las ideas que has manifestado.
  • No está en mis manos cambiar esta situación tan dolorosa, pero trabajaré para afrontarlo con la entereza suficiente para superarlo.
  • ¡Ay que larga es la vida! /¡qué duros estos destierros! / ¡esta cárcel, esos hierros / en que el alma está metida! / Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, / que me muero porque no muero.
  • Las sombras del día son como gemidos de dolor al sentir la nostalgia de su espacio vacío.
  • Si Dios existe, le voy a pedir cuentas de lo absurdo de la vida, del dolor, de la muerte, de haber dado a unos la razón y a otros la estupidez… y de tantas otras cosas.
  • No quiero pensar en ti porque no quiero que el dolor del corazón se una al dolor del pensamiento.
  • Es para mí una alegría oír sonar el reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de ti… y de Dios

Epitafios

Epitafios Bellos

“Aquí yace alguien cuyo nombre se escribió en el agua.” Jhon Keats
“Aquí yace el poeta Vicente Huidobro  Abrid su tumba debajo de su tumba se ve el mar.”
“Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios.” de Lord Byron para su perro “Botswain”
“Toda la oscuridad del mundo jamás podrá apagar la luz de una velita.”
“Conocí el bien y el mal, pecado y virtud, justicia e infamia; juzgué y fui juzgado, pasé por el nacimiento y la muerte, por la alegría y el dolor, el cielo y el infierno; y al fin reconocí que yo estoy en todo y todo está en mi” Hazrat Inayat Khan
“Lo que el alma hace por su cuerpo, es lo que el hombre hace por su pueblo. Gabriela Mistral
“Quietos yacen los huesos entre las piedras mientras el alma vuela a la voluntad de Dios”. epitafio del conjunto artístico de las Catacumbas de San Calixto en Roma.
“Yo no pido más, quiero ser un buen recuerdo alguna vez”. Hugo Chaparro Valderrama
“En contra tuya volaré con mi cuerpo invencible e inamovible, ¡oh muerte!”. Virginia Woolf
“Qué mudos pasos traes, ¡oh! muerte fría, pues con callados pies todo lo igualas”. Quevedo.
“Los soles se ocultan y pueden aparecer de nuevo pero cuando nuestra efímera luz se esconde, la noche es para siempre y el sueño, eterno.” Cayo Valerio Cátulo
Epitafios Corteses
“Disculpe que no me levante, señora.” Groucho Marx
“Sin comentarios.”
“Por favor, no molestar.”
“Perdonen por mi polvo”  Dorothy Parker.
“Espero que cristo cumpla su palabra” Miguel Delibes

Epitafios Vengativos
“RIP, RIP, ¡HURRA!” Groucho Marx (a su suegra)
“Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas”.
En una tumba del cementerio de Salamanca: “Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada”.
En una tumba del cementerio de Guadalajara: “A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo agradecimiento”.
“A Ana Wallace. Los hijos de Israel querían pan y el Señor les envió maná. El viejo dependiente Wallace quería mujer y el Diablo le envió a Ana.” (Es de una tumba real: qué fueeer…te)
“Aquí yace mi mujer, fría como siempre.”
“Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando.”
“Aquí yace mi marido, al fin rígido.
”Aquí yaces. y haces bien. Tú descansas;. yo también”
“Ya estás en el paraíso, y yo también”.
“Dejazme en paz.”
“Quien resiste gana” Camilo José Cela
“Si queréis los mayores elogios, moríos”. Enrique Jadier Poncela
“Aquí descansa mi esposa, aquí ella reposa; ¡Aleluya! ¡Aleluya!”
“Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbecil.”
“Al morir echénme a los lobos. Ya estoy acostumbrado” Diógenes
“¡Que artista muere conmigo!” NERON
“Es más digno que los hombres aprendan a morir que a matar”SENECA
“Aqui yace uno que fue devotamente fiel del arte y del honor. No fue gran cosa en vida, y ahora no es absolutamente nada. (En la lápida de Castelli se lo escribe un amigo)
“El alma del creyente fallecido permanecerá encadenada hasta que sus deudas económicas sean saldadas” Profeta Muhammad según el Imán Ahmad
“Jesús mío, misericordia”. Alcapone
“Ahora estás con el Señor, Señor, cuidado con la cartera”. Tomas Jimoteo Chinchilla.
“Tanta paz lleves como descanso dejas”.
Aquí sigue descansando

Foto para Ilustrar : Darwin Arteaga(Comunidad Conarte)

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